LOS MAESTROS Y LA EDUCACION ENTRE LA ESPERANZA Y EL DESPRESTIGIO - Alianza Social Independiente

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JOSÉ JOAQUIN VILLALBA
Concejal municipio El Zulia, Norte de Santander

Por JOSÉ JOAQUIN VILLALBA

14 de abril 2021
LOS MAESTROS Y LA EDUCACION ENTRE LA ESPERANZA Y EL DESPRESTIGIO.
“Las sociedades ilustradas han puesto siempre la educación entre las bases de sus instituciones políticas. En efecto, las naciones marchan hacia el término de su grandeza con el mismo paso con que camina la educación” (Simón Bolívar Palacios, 1.783-1.830).
A propósito de las campañas de desprestigio contra el magisterio colombiano, liderada por las fuerzas retardatarias hoy representadas en el actual gobierno y su partido Centro Democrático, es necesario precisar lo siguiente:
El Franquismo en España, por ejemplo, explica el Doctor en historia moderna y contemporánea Eduardo Montagut, pretendió borrar de plano todos los avances y la renovación educativa con el propósito de formar una juventud de súbditos leal a la doctrina franquista anti republicana, por lo que durante la guerra y la postguerra en España se desató una intensa persecución contra los maestros donde se aplicó no solo la “depuración” de la planta docente, sino también la eliminación física de manera punitiva y preventiva. Su objetivo era la de formar las nuevas generaciones bajo el principio de lealtad y obediencia al franquismo y la recuperación de los valores católicos. Desde ese momento la iglesia católica volvió a recuperar su protagonismo, perdido en el segundo intento de la refundación de la república democrática en España.
De tal manera, no es novedoso que las fuerzas contra el cambio siempre se vean opuestas a esta gran revolución cultural y científica de la educación, motor de transformación social y personal. Le tienen miedo al cambio porque este también se da en el escenario político, y allí pierden el poder y el control que por siglos han tenido como clase dominante. Tienen muy claro que una sociedad con una educación bancaria y repetitiva, es un instrumento ciego de su propia destrucción y de fácil engaño y dominación. Prefieren una educación ensimismada que se fundamente en la tradicional y obtusa obediencia. Para ello, necesitan un maestro declamador de textos, cuya imagen se parezca más a la de Plutón, creador de espíritus serviles que enseñe la hipocresía, castrador de la alegría espiritual y de la creatividad de los niños y jóvenes, sembrador de miedos y terror entre sus alumnos y haga de la escuela un centro de reclusión penitenciario y carcelario y que como decía Estanislao Zuleta, se convierta en un policía de la cultura.
El triunfo del movimiento de ilustración y de la revolución francesa en Europa, no había sido posible sin la participación de los maestros y de la educación. Las escuelas y las universidades se convirtieron en el principal campo de batalla, que el pensamiento y la conciencia republicana libraba contra las monarquías absolutas, pues sus próceres sabían que la primera revolución triunfante que había que hacer era la revolución de la conciencia ciudadana y esta revolución, se iniciaba y terminaba en los planteles educativos ya que sus actores principales eran precisamente los maestros, siendo esta una de las principales preocupaciones de Simón Bolívar cuando, a pesar de sus campañas militares triunfantes, no veía los cambios esperados en la ciudadanía. En tal sentido, la educación y los maestros seguían en manos de la iglesia católica que representaba la monarquía española y lo expresaba de la siguiente manera: “Uncido el pueblo americano al triple yugo de la ignorancia, de la trinaría y del vicio, no hemos podido adquirir ni saber, ni poder ni virtud. Discípulos de tan perniciosos maestros, las lecciones que hemos recibido y los ejemplos que hemos estudiado, destruyen los triunfos que hemos logrado en los campos de batalla”.
Por lo visto, lo que quieren los líderes del actual partido de gobierno Centro Democrático, el cual se han venido lanza en ristre contra los maestros, es la refundación, al igual que la actual REPUBLIQUETA, una educación conformista y represiva para que los niños y jóvenes se adapten por la fuerza a un país tan desigual, injusto y violento. Les da miedo que los maestros pongan el país al alcance de los niños y jóvenes para que lo transformen y lo engrandezcan. Es necesario una educación inconforme y reflexiva, que nos inspire un nuevo modo de pensar hacia una sociedad que se quiera más a sí misma, se respete el medio ambiente y se busque una mayor justicia social y que promueva una ética y una estética para que no nos sigamos matando entre nosotros mismos.
Contrario a la profanación y el vituperio que constantemente viene haciendo el Centro Democrático contra los maestros, nuestro libertador Simón Bolívar se ha referido a este gremio de la siguiente manera: “El maestro: Ese hombre generoso amante de la patria, que sacrificando su reposo y su libertad se ha consagrado al ejercicio de crearle ciudadanos al estado para que le defiendan, le ilustren, le santifiquen, le embellezcan y le engendren otros tan dignos como el, es sin duda benemérito de la patria; merece la veneración del pueblo y el aprecio del gobierno. Él debe alentarle y concederle distinciones honrosas. “y sobre su maestro Simón Rodríguez le expreso lo siguiente”: usted formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que usted me enseño.”
Para defender a un partido político y a uno de sus personajes, el país no puede sacrificar el currículo de un modelo educativo donde la escuela forme el espíritu y el corazón de los niños y jóvenes, que graba en el alma y el corazón de la juventud la libertad, la virtud y el honor, además de despertar en ellos el espíritu analítico y polémico.
El ansia de saber más para ser más y no para tener y dominar a los demás es la base para una educación liberadora y no formadora de súbditos, una educación más allá de los textos, que busque la verdad y los cambios sociales de un país que padece una crisis moral por la corrupción, la pobreza la desigualdad, el deterioro ambiental y la violencia. Por mucho poder y audiencia que tenga el centro democrático y su gobierno, no podrán ocultar esta realidad de la tragedia humanitaria que padece Colombia. Recordemos que el origen de la constitución de 1.991 empezó con un grupo de estudiantes y maestros que supieron interpretar la crisis política y social que vivía Colombia en ese momento, la cual no estaba escrita en los textos ni tampoco en los estándares curriculares del ministerio de educación.

Columnistas

EDWIN RAMÍREZ

Secretario de capcitación y asuntos sociales, sectoriales y programáticos

PEDRO VALENCIA

Secretario de Juventud