Patologías de un país violento. ¿Qué tipo de sociedad se está incubando en Colombia? - Alianza Social Independiente

Bere
BERENICE BEDOYA PÉREZ
REPRESENTANTE LEGAL

Por Berenice Bedoya Pérez

21 DE DICIEMBRE DEL 2020

Es un imperativo para los sectores políticos y sociales comprometidos con un proyecto político democrático que posibilite construir la modernidad de Colombia, generar acciones conducentes a recomponer el tejido social del país para lograr por fin materializar el concepto de Estado Social Derecho, ante las desalentadoras cifras de masacres y los altos índices de violencia doméstica y de género. ¿Qué tipo de sociedad estamos sedimentando? ¿Cuál es el ejemplo de vida y de civismo que les estamos dando a nuestros niños y jóvenes? La sana convivencia en el país ante la cruda realidad es prácticamente inexistente y, en consecuencia, la garantía de los derechos fundamentales no ha sido posible por parte de un Estado débil y ausente que debe regir los destinos de una sociedad que no es capaz de tramitar sus diferencias y conflictos de manera razonada y civilizada. Las últimas estadísticas en cuanto a violencia política y de género no solamente que son aterradoras, sino que nos están indicando los efectos de la cultura patriarcal y machista que discrimina de manera aberrante a la mujer, ocasionando una grave segregación en los ámbitos tanto social como laboral.

No es solamente el dantesco panorama que tenemos que vivir los colombianos con la ocurrencia de una masacre casi que a diario, lo que la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, calificó como “horrenda violencia”, pues en lo que va este año se han registrado 86 con las graves repercusiones familiares y sociales en las comunidades, sino además es alarmante el incremento de los feminicidios.

Los altos índices de violencia doméstica y de género, así como el incremento exponencial del desempleo femenino son otros indicadores que están señalando el tipo de patologías sociales que afectan de manera dramática la desestructuración en que vive la sociedad colombiana, ante la mirada perdida e impávida del Estado.

Según los reportes tanto oficiales como de organizaciones sociales (por ejemplo, el Estudio sobre feminicidio en Colombia 2020) entre enero y noviembre de este año, en el país se han reportado al menos 569 crímenes de asesinato a mujeres, sin que haya una reacción decidida del Estado para contener este fenómeno. Un incremento del 9.4 por ciento de los feminicidios en comparación con igual período del año anterior, situación agravada debido al confinamiento social por la pandemia del Covid-19.

Desafortunadamente, el 93% de los asesinatos ocurridos hasta el pasado 31 de octubre permanecen en la total impunidad, lo cual se ha vuelto común frente a la violencia de género y es generalizada en el caso del feminicidio.

En cuanto a discriminación laboral, la tasa de desempleo femenino llegó a 26.2%, al comenzar este segundo semestre del año, 10 puntos por encima del masculino, una de las más altas del continente, lo mismo que es significativa la brecha salarial. Además, el confinamiento incrementó tanto los feminicidios como la violencia doméstica. Esto tiene una afectación directa en la dinámica social del país por cuanto el trabajo del cuidado que recae principalmente sobre la mujer, representa el 20% del PIB, cuantificado, pero infortunadamente no reconocido. Durante esta pandemia, además, las quejas y denuncias por violencia de género crecieron más del 120%, lo cual constituye una alarma social muy preocupante. De ahí que sea un imperativo que se adopten medidas desde la sociedad y el Estado para enfrentar este tipo de violencia que desestructura el tejido social.

Observando este nublado panorama social de la Colombia del siglo XXI solo resta afirmar que son varias las tareas pendientes que tenemos como país para lograr alcanzar una segunda oportunidad sobre la tierra, como en la crónica garcíamarqueana.