La lección que deja la pandemia para la recuperación de la crisis ecológica mundial

Por PEDRO ROLANDO VALENCIA HOLGUIN, Secretario de Ambiente de la Alianza Social Independiente (ASI)

El sistema capitalista que se caracteriza por su voracidad y por la imparable acción depredadora de la naturaleza mediante su malhadado modelo económico neoliberal en el que actualmente está sumido el planeta, se resiste a enfrentar una verdad incontrastable, según la cual ninguna economía es posible en ausencia de los ecosistemas. Es decir, todo proceso económico tiene una relación directa con aquellos componentes de la biosfera que son responsables de la vida.

Desde que nacieron las sociedades de mercado, sustentadas en el principio liberal manchesteriano “laissez faire, laissez passer” (dejar hacer, dejar pasar), el proceso económico de acumulación y codicia imperante ha dispuesto que la naturaleza se adapte al entorno de las necesidades humanas, en lugar de que las comunidades se adapten al ecosistema, como lo hacen todos los demás seres vivos. Ahí están las consecuencias a la vista: el ser humano ha destruido dos tercios de todos los bosques del planeta, ha propiciado la lluvia ácida que ha envenenado los lagos, ha drenado completamente los ríos, en definitiva, ha erosionado la tierra, alterando la biósfera, que es el refugio de la vida. Y como si fuera poco, produce cada vez más gases como el dióxido de carbono o el metano que aumentan la temperatura del planeta, colocándolo en la senda de un colapso ecológico.

De ahí que la pandemia del coronavirus (Covid-19), paradójicamente ha generado inesperados beneficios para el medio ambiente.

No obstante las graves afectaciones que esta crisis sanitaria está produciendo en la salud y en la seguridad humana a nivel mundial, a medida que las personas, empresas y gobiernos están cambiado sus comportamientos y patrones cotidianos para contener o evitar el virus, también se han producido efectos en el medio ambiente que están siendo inesperadamente beneficiosos.

El ‘frenazo’ al que las industrias de gigantes como China se han visto obligadas como consecuencia de la pandemia, la reducción en el número y frecuencia de vuelos (se estima que el 5 % de la contaminación del mundo pertenece a los aviones), o la suspensión de grandes concentraciones y eventos deportivos, sociales y culturales, así como las precauciones a las que se están sometiendo los ciudadanos en sus movimientos particulares, está trayendo como consecuencia una clara disminución en el nivel de emisiones de gases contaminantes.

“Aunque el alivio sea momentáneo y no resuelva, de fondo, la crisis climática actual, lo cierto es que el coronavirus está trayendo buenas noticias al medio ambiente”, ha señalado el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres en una comparecencia reciente.

Según cálculos del Centro de Investigación en Energía y Aire Limpio (CREA) de Estados Unidos, la parálisis de la actividad económica mundial debido a la pandemia ha producido una disminución en las emisiones de dióxido de carbono (CO2) de, al menos, un 25 %, como consecuencia de la reducción en el consumo de combustibles fósiles como petróleo, gas o carbón, entre otros. Esta es una cifra que representa, a nivel global, una baja del 6 % aproximadamente.

La reducción de gases de efecto invernadero y la disminución del tráfico ilegal de fauna salvaje son también algunos de los ejemplos que pueden contabilizarse de los beneficios que está dejando la pandemia del coronavirus.

Según un trabajo recogido en la revista Forbes, la baja en la contaminación registrada en China en los últimos meses parece llamada a salvar 77.000 vidas, una cifra 25 veces superior a la de las víctimas oficialmente reconocidas en ese país, a raíz de la propagación del virus.

Un llamado de atención

Esta crisis sanitaria revela además que el modo de vida del ser humano y su sistema económico son completamente perniciosos para la naturaleza, por cuanto contribuyen a su destrucción de manera paulatina. De ahí que es un imperativo cambiar el estilo de vida. Si se continúa desarrollando el vertiginoso proceso económico en el que se sustenta el capitalismo, el planeta colapsa y la propia Tierra tendrá que librarse de la especie humana que de manera agresiva y si se quiere maléfica, viene destruyendo el conjunto del sistema-vida.

Esta crisis, por lo tanto, tiene que constituirse en un llamado de atención que debe servir para generar una mayor conciencia social frente al cuidado del planeta y el uso racional de los recursos.

Recientes estudios de investigación muestran que hay un vínculo muy estrecho entre la propagación de las pandemias y el daño a la naturaleza, situación que se acentúa año a año. Y por supuesto, existe relación directa entre las acciones humanas y ciertas enfermedades, por lo que la salud puede protegerse precisamente defendiendo el ecosistema planetario. Al fin y al cabo se ha establecido que la destrucción de los hábitats y la biodiversidad causada por el hombre, rompe equilibrios ecológicos que pueden contrarrestar los microorganismos responsables de ciertas enfermedades y crear condiciones favorables para su propagación.

El reto, en consecuencia, es proteger las áreas naturales, conservar las no contaminadas, combatir el consumo y el tráfico de especies silvestres, reconstruir el equilibrio de los ecosistemas dañados y detener la crisis climática.

Volver a lo mismo

Sin embargo, se teme que las medidas que adoptarán los países y los sectores empresariales una vez terminen las cuarentenas para estimular la economía, así como el regreso de los trabajadores a las fábricas, volverán a hacer aumentar las emisiones contaminantes por encima de los promedios históricos para conseguir la recuperación financiera e industrial.

Se da por hecho que se volverá a lo mismo en materia de depredación y consumo en detrimento del medioambiente, pues el mundo financiero y empresarial buscarán a como dé lugar recuperarse de las pérdidas económicas que ha generado la pandemia.

Esta experiencia de confinamiento a nivel mundial por la propagación del coronavirus deja una importante lección y es que si la especie humana pretende autoconservarse debe proteger su hábitat, para lo cual tiene que subsistir en el planeta de una manera diferente a como lo viene haciendo. Es el momento, entonces, de alentar transformaciones radicales que permitan adentrarse en una sociedad nueva basada en la autocontención, en el respeto del medio natural, en una redistribución radical de la riqueza y en el final de un modelo de producción signado por la miseria del capitalismo.

Por ello el teólogo brasileño de la liberación y activista social, Leonardo Boff, se pregunta si a raíz de esta pandemia, “¿seremos capaces de captar la señal que el coronavirus nos está enviando, o seguiremos haciendo más de lo mismo, hiriendo a la Tierra, autohiriéndonos, en el afán de enriquecerse de unos pocos cueste lo que cueste?”

La lección que deja la pandemia para la recuperación de la crisis ecológica mundial

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